
Alumna del Tangaza College en Nairobi (Kenia), Peris Waithera Mwangi, es musulmana y participa, entre otras actividades, del proyecto “La universidad en los barrios marginales” a través del cual los estudiantes ofrecen distintos servicios a los habitantes de asentamientos informales. Compartimos aquí un diálogo mantenido con Peris en agosto pasado, durante su visita a Buenos Aires en ocasión del 26 Seminario Internacional de Aprendizaje Servicio Solidario.
-Ocupás un lugar que ustedes llaman “facilitadores de las comunidades”. ¿Qué significa ser facilitadora?
-Cuando sos facilitadora tenes muchas plumas en el sombrero (como un cacique). Todo el tiempo tenes que hacer algo, en un momento hacés asistencia financiera y en otro empoderas a la comunidad; es como ser una embajadora de la paz. Yo vengo de una zona de Nairobi que sufrió el terrorismo de Al Shabab de Somalia. Estamos trabajando para poder volver a estar todos juntos, musulmanes y cristianos en la misma comunidad. Estos somalíes inculcan extremismo a algunos chicos para llevarlos a Somalia y nosotros tratamos de que esto no suceda. No podemos dejar que se lleven a los chicos.
-¿De qué manera lo intentan?
-Nuestra herramienta es el diálogo interreligioso. Colaboramos con el Gobierno y con las organizaciones de la sociedad civil. Eso es parte de la construcción de la paz. Practicamos la tolerancia religiosa y les enseñamos que tratar mal a alguien que vive con nosotros está mal. También trabajamos contra la violencia de género y a quienes están afectadas por ella no las llamamos “víctimas” sino “sobrevivientes”. Las buscamos, las llevamos a casas seguras y les ofrecemos abogados que las asesoran gratuitamente, les damos dinero para que puedan reconstruir sus vidas.
-¿Qué permite o facilita este diálogo interreligioso y la tolerancia religiosa y cómo hacerlo a través del aprendizaje-servicio?
-En mi comunidad hay musulmanes, cristianos y gente con tradiciones africanas. Utilizamos el método que aprendemos en el Tangaza que tiene su base en la reflexión espiritual, es decir, que cada uno reflexione qué dice su religión acerca de cómo tratar a los demás, por ejemplo. Así crece la conciencia de que nos tenemos que cuidar y respetar mutuamente. El diálogo interreligioso no es un diálogo de conversaciones nada más sino que es un diálogo de acciones. Empezamos a difundir las palabras de paz en todo el condado, colaboramos con distintas instituciones en Kenia, hicimos mucho trabajo para empoderar a los jóvenes, para que no fueran a Somalia y a los que ya habían ido tratamos de atraerlos para que volvieran. Para mi el aprendizaje-servicio no es solamente sobre elementos tangibles, sino también cuestiones intangibles como traumas mentales o apoyo psicosocial.
Como estudiantes de transformación social tenemos una regla: que antes de transformar a la comunidad primero hay que transformarse a uno mismo, porque uno no puede dar lo que no tiene. Si uno quiere lograr la paz uno tiene que ejercer y practicar la paz.
-En una presentación durante el 26 Seminario Internacional de Aprendizaje y Servicio Solidario, mencionaste un cambio que provocó en vos la universidad. ¿Cómo se dio ese cambio?
-Pensaba que para hacer las artesanías se necesita arcilla y un horno. Bueno, yo era la arcilla y la universidad es como un horno. Entré de una manera al Tangaza y allí me moldearon, como a una vasija. Salí pulida, transformada para transformar a la comunidad.
-¿Qué creés qué había en la universidad que hizo eso posible?
-El curriculum. Antes de ir a la universidad yo creía que estaba bien, pero cuando entré me di cuenta que había muchas cosas que no sabía y el curriculum me perfeccionó. Y a través del currículum uno se tiene que involucrar con la comunidad. La comunidad es la protagonista. Nosotros no les decimos lo qué está bien o lo que tienen que hacer sino que nosotros hacemos con la comunidad.
-A partir de tu experiencia, ¿qué le dirías a los estudiantes sobre el aprendizaje-servicio?
-El aprendizaje-servicio es la mejor innovación que existe porque uno puede estudiar, pero eso no quiere decir que esté siendo educado. Uno se educa cuando sale del aula y va a la comunidad y conoce cuáles son los problemas, sean sociales, políticos o lo que fuera. Esto los prepara para ser líderes del futuro, a tener empatía, a tolerar y respetar a otras personas, a hacer del mundo un lugar mejor.
