Más allá de la complejidad del contexto global y la diversidad de formas de intervención social propuestas por las instituciones educativas de nivel superior, en los últimos años la comunidad académica ha ido convergiendo hacia algunos consensos básicos en torno a tres rasgos fundamentales o “programáticos” que distinguen al aprendizaje servicio:

1. El protagonismo de los y las estudiantes en el planeamiento, desarrollo y evaluación del proyecto: el aprendizaje servicio es una propuesta de aprendizaje activo, y por lo tanto son los estudiantes, más que los docentes, quienes deben protagonizar y hacer propias las actividades.

2. El desarrollo de actividades de servicio solidario orientadas a colaborar eficazmente con la solución de problemáticas comunitarias concretas. Intencionadamente, cualificamos al “servicio” como “solidario”, a sabiendas de que ambos términos pueden implicar diversas interpretaciones y connotaciones. A diferencia del término “servicio”, que puede referirse a actividades individuales y puramente asistencialistas, “solidaridad” implica un hacer colectivo y un “hacer con” más que “hacer para” mucho más cercano al significado más profundo de la pedagogía del aprendizaje servicio. Sin embargo, también el término “solidaridad” ha sido bastante devaluado en los últimos años, y por ello cabe señalar que optamos aquí por el modelo de solidaridad como “encuentro”, como espacio de transformación social y de co-protagonismo de quienes son relegados en otros modelos al rol pasivo de “beneficiarios” o “destinatarios”. Para el aprendizaje servicio, los “beneficiarios” no son sólo las personas de la comunidad, sino también los propios estudiantes, quienes al salir al terreno encontrarán oportunidades de formación como profesionales y ciudadanos que no siempre se pueden ofrecer en los claustros. Los “protagonistas” o “actores” de un buen programa de aprendizaje servicio no son sólo los estudiantes y docentes, sino también los líderes comunitarios y los “beneficiarios/co-protagonistas” del proyecto.

3. La vinculación intencionada de las prácticas solidarias con los contenidos de aprendizaje y/o investigación incluidos en el currículo. Aquí sí, el protagonismo de los docentes es fundamental, ya que la planificación pedagógica es precisamente lo que distingue al aprendizaje servicio de otras prácticas de extensión, voluntariado, o responsabilidad social universitaria. Superando viejas antinomias entre el “afuera” y el “adentro” de la institución, en un buen proyecto de aprendizaje servicio el aula y el laboratorio se convierten en motores de desarrollo local, y las actividades en la comunidad son planificadas en función de contenidos curriculares y de proyectos de investigación específicos. La reflexión de los estudiantes sobre su propia práctica, y su participación en las instancias de planeamiento y evaluación son otras tantas instancias de aprendizaje que deberán ser planeadas intencionadamente.

En definitiva, podríamos definir al aprendizaje servicio como una actividad o programa de servicio solidario protagonizado por los estudiantes, orientado a atender eficazmente necesidades de una comunidad, y planificada en forma integrada con los contenidos curriculares en función de optimizar los aprendizajes.

PALABRAS CLAVE: institucionalización, educación superior, aprendizaje servicio, rasgos programáticos, protagonismo estudiantil

Tapia, M. N. (2008) “Aprendizaje y servicio solidario en la misión de la Educación Superior”. En El Aprendizaje-Servicio en la Educación Superior Una mirada analítica desde los protagonistas, Ministerio de Educación, Argentina.
http://www.bnm.me.gov.ar/giga1/documentos/EL001802.pdf